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Seis días de kayak en el Parque Nacional Los Alerces

  • Nicolás Urquiza
  • 17 feb 2020
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 19 feb 2020

Cargamos los kayaks al trailer y viajamos 2300 km para ir a remar en los ríos y lagos del Parque Nacional Los Alerces, en la Provincia de Chubut, Argentina.



“Dicen que viajando se fortalece el corazón, pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior..” [Félix Francisco Nebbia Corbacho]

ETAPA 1

Después de dos largos días y medio de viaje, arribamos al departamento Chubutense de Cushamen, más precisamente al Camping "Abuelo Daniel" en la localidad argentina de Villa Lago Rivadavia. El día estaba frío, ventoso y parcialmente nublado. - ¿Alguien quiere meter una remadita? - La respuesta a mi estado de manija se contestó con un contundente silencio y un cambio de tema de conversación en la mesa del cálido quincho del camping. - Me voy a remar en el simple -.

Unos minutos después, comencé a remontar remanseando por el correntoso Río Carrileufu. - ¿Sabían que remanso proviene del latín "remansum" que significa "quedarse detenido en un lugar"? -. Bueno, hay lugares donde el río se queda detenido en sus orillas, facilitando la navegación contracorriente.

Cada tanto asomaba el sol haciendo reverdecer el río, intercalando intensos tonos de verde agua y esmeralda en su superficie. Mientras tanto, mi kayak avanzaba lento impulsado por la sangre de mis venas y la curiosidad de saber qué hay después de cada curva.

Luego de remar unos 7.300 m en casi 2 horas, llegué a un gran predio deforestado que resultó ser parte del "Carrileufú River Lodge", un codicioso desarrollo inmobiliario que parece estar devastando este hermoso lugar. Se me venía la noche y unas nubes negras me perseguían hace rato, así que viré a babor mi embarcación, dejándome llevar por la correntada. Apenas veinticinco minutos tardé en volver al camping, justo antes del anochecer.


Si bien la aventura había comenzado hace bastante, con los preparativos del viaje, la navegación con tripulación completa en los cinco Kayaks dobles empezaría al día siguiente. Nos levantamos temprano, estibamos los bártulos en los botes y nos dejamos derivar por la corriente del Carrileufu hasta llegar al imponente Lago Rivadavia, que nos esperaba con olas de casi 1 m y vientos de más de 30 nudos. Navegamos bordeando la orilla Este del Lago, parando a unos 5 km de la boca del Carrileufu en una playa al reparo del viento. Un ancestral Coihue fue cobijo de nuestro primer campamento en el "Parque Nacional Los Alerces". - Hoy comemos pizzas - se escuchó. Me tocó amasar y asar unas 14 ensoquetadoras pizzas, Taty hizo una exquisita salsa y Alejandro pescó una trucha arcoíris que terminó siendo un canapé perfecto para la velada.

¿Qué más se le puede pedir a la vida para ser feliz?

ETAPA 2

Al despertar, mientras desayunaba, pensaba que estaría bueno pasar otro día más en ese campamento del Coihue junto al Lago Rivadavia. Era un lugar soñado, pero todavía faltaba lo mejor. El lago estaba mucho más calmo que el día anterior, así que nos pusimos los cubre-cockpit, abrochamos los chalecos y zarpamos con rumbo sudoeste donde, según los mapas, había un tal "Río Rivadavia". Cruzamos el ancho lago y navegamos bordeando la costa Oeste, donde había una gran pared de piedra con arrayanes que crecían aferrados a las grietas. Nos habíamos separado en dos grupos porque a Seba y María habían cortado un cable del timón y pararon a reemplazarlo. Cuando llegamos a la naciente del río de nombre homónimo al lago, todo lucía calmo y sereno. Nos dejamos llevar por una tenue corriente hasta que llegamos a un rápido de amenazantes piedras a la vista y una fuerte corredera contra la costa que pasaba bajo las ramas de algunos árboles. Nos reagrupamos, pasamos una parte caminando sobre las piedras y nos fuimos largando de a poco. Sorteamos el primer gran desafío. - Eso era todo? - De ninguna manera. El Río Rivadavia todavía tenía varios rápidos, remolinos, troncos, piedras, curvas peligrosas y contracorrientes que faltaban atravesar... A pesar de tener dos principiantes en el grupo, todo salió perfecto y no tuvimos que lamentar accidentes de gravedad, roturas de botes ni caídas a las heladas aguas patagónicas. Al llegar al final del río, no sabíamos que el desafío más difícil sería lidiar con el malhumor que nos causaría el viento, la lluvia, el frío y los guardaparques, que nos comunicaron que había "alerta meteorológico", que teníamos que seguir hasta el próximo camping y que el mal tiempo podría durar 2 días. Desembocamos en el Lago Verde y pasamos una noche acampando bajo una pérgola, que servía de refugio para los pobres campamentistas (o los campamentistas pobres), en "El Aura Lodge". La ducha, extremadamente caliente, fue lo mejor del camping. Comimos una picada, descorchamos unos vinos y nos fuimos a dormir amuchados en una carpa. Al día siguiente, nos enteramos que el alerta continuaría durante todo el día, así que decidimos alquilar una cabaña a un poblador local, Don Coronado, que nos permitió pasar un día frío y lluvioso quemando leña y secando ropa al calor de una salamandra.


ETAPA 3

Al dejar la cabaña de Don Coronado, cargamos los Kayaks al trailer y partimos con rumbo sur en busca de un lugar que nos permita establecer el campamento base. El objetivo era navegar los tres brazos del lago Futalaufquen, que en idioma mapudungún significa "Lago (Futa) Grande (Laufquen)". ¿Pero qué tan grande es el Futa?, lo suficientemente grande para dedicar un día completo de navegación a cada uno de sus brazos. Mirando el mapa desde cualquier punto cardinal, el punto neurálgico del lago sin dudas era Punta Matos. Pero al llegar había mucho viento, hordas de turistas descendiendo de colectivos, motorhomes con antenas de Direct Tv y ninguna de las potenciales parcelas de acampe nos terminaba de convencer. Con Galo queríamos volver por el camino para ojear un lugarcito conocido como "Playa El Francés"*, pero se percibía cierto mal humor en el grupo y pocas ganas de seguir dando vueltas buscando lugares. - Bueno, vamos nosotros dos en el auto, si en 20 minutos no volvemos vayan para allá -. Nunca más volvimos.

* Cuentan los lugareños que un Francés vivió en esa playa, hasta que los turistas empezaron a llegar a la zona, momento en que decidió dejar el lugar e internarse en la selva valdiviana en busca de tranquilidad y soledad, nunca más se lo volvió a ver...

Encontramos una bahía totalmente al reparo del viento, con espacio para armar las carpas, un amplio living alrededor del fogón y una vista gloriosa a los cerros nevados. Armamos el campamento base mientras la Bruja cocinaba un "monomenú" de escasos recursos y pusimos a enfriar unas latas de birra en el lago. Allí se aprobó por unanimidad de la Real Academia de Kayakistas (RAK) el uso de la sigla S.R.L. para "Somo' Re Losotro". Casi descartando el uso de la anticuada E.C.Q. (Estamos Como Queremos). ¿De acá quién nos saca?. Al día siguiente, aunque había algo de viento, navegamos el brazo norte del lago y remontamos el Río Arrayanes hasta llegar al lago Verde. Devoramos una polenta con queso en Puerto Mermoud y salimos a hacer trekking por los senderos, bordeando el correntoso río Menéndez, pasando por Puerto Chucao y contemplando a lo lejos el Glaciar Torrecillas al otro lado del Lago Menéndez.


Un punto de inflexión en los ánimos del grupo ocurrió a la vuelta, cuando comenzamos a descender el Río Arrayanes "haciendo camalote" (formando una balsa con todos los Kayaks juntos). - Esto se merece un brindis - dijo mi sabia compañera de doble y cuando miró para atrás me encontró abalanzado sobre la cubierta del Kayak sacando un vino de la cava/tambucho. El estrepitoso sonido del descorche acompañado por los ecos en bosque fue celebrado con una catarata de sapucays. Cuando se terminó el vino, llegó la paz, el momento mántrico del día. Fueron 5, 10 o quizás 20 minutos de completo silencio. Todos callados, con los ojos cerrados, dejándonos derivar por la corriente mientras nos compenetrábamos en el paisaje sonoro del Parque Nacional Los Alerces. El viento se aguantaba las ganas de soplar, el agua corría, las truchas saltaban y hasta el Chucao escondido en algún lugar del bosque nos daba un recital. De repente, abrimos los ojos y ¡zas!. El imponente Futalaufquen era una acuarela, totalmente planchado reflejando cual espejo los cerros sus los picos nevados.

Sólo un consejo: Nunca subestimen el poder del Mantra...

ETAPA 4

Antes de irnos a dormir, habíamos acordado despertarnos temprano al día siguiente para poder "estar en el agua a las 10 a.m.". Fracasamos. Salimos a las 11 a.m. Zarpamos con rumbo sur, navegando el lóbulo austral del Futalaufquen hasta llegar al temible y escalofriante "Estrecho de los Monstruos". La noche anterior ofrendamos un chorrito de vino a la Pachamama y el día amaneció perfecto: Sin viento, despejado, con un solazo divino, el lago planchado y cóndores planeando sobre los cerros... Los apenas 500 m del temerario Estrecho no fueron más que un breve paseo y las pupilas se nos dilataron a todos cuando desembocamos en el mítico Lago Krügger, divisando el "El cordón de las pirámides" al Oeste y el "Cerro Situación" al Este. Apuntamos directo a la casa del guardaparques para buscar a Rodrigo y poder avisarle que habíamos llegado bien. Picamos algo, nos calzamos las zapas y arrancamos a caminar por un sendero hasta llegar al "Naufragio de Frey"; donde el topógrafo suizo-argentino Don Emilio Frey (1872-1964), dirigiendo una expedición de la Comisión de Límites, intentó navegar allá por el siglo XIX, pero definitivamente la cagó. Terminó estrolándose contra las piedras en los rápidos, perdiendo vidas y gran parte de su equipo. Sobrevivió para contarlo y su fracaso fue consolado con su nombre en el río. La paz que se sentía en el aislado Lago Krügger era cósmica, daba para quedarse, pero el camping estaba cerrado y solamente había 3 parcelas disponibles para caminantes registrados. La otra opción, era una bella hostería ubicada junto a la casa del guardaparques. Lamentablemente, no podíamos no volver a nuestro campamento base, así que emprendimos la vuelta remando despacito, con tal pachorra que terminamos camaloteando e improvisando una vela con una campera. Antes de llegar a "La Playa del Francés" desembarcamos en Punta Mattos para dejarle una nota a Paula (la guardaparque) diciendo que "habíamos llegado bien, que estábamos muy felices y agradecidos, y que nos sentimos muy cuidados". Al día siguiente, remamos hasta Villa Futalaufquen, la Mar del Plata patagónica, donde pudimos dar señales de vida al mundo exterior después de una semana de completo desconecte. La remada fue lo suficientemente agotadora, por suerte, como para poder dormir una siestonga a la sombra y soportar el griterío de los turistas que invadían en masa la playa de "Los Maitenes". A la vuelta, pasamos nuevamente por Punta Mattos y nos encontramos con Danilo, otro guardaparque, que nos habló sobre el "Lago Amutui Quimey". Nos dijo que había que registrarse por tratarse de un embalse, volver en el día antes de las 20 horas, limpiar los botes con lavandina porque había lugares donde todavía no estaba instalada el Alga Didymo, y que podíamos remar por un pintoresco bosque sumergido y remontar parte del Río Frey; Lo cual sonaba tentador, pero no había lugares de camping ni ganas de hacer tal movida por un único día de navegación.

Nuestros días por el "Parque Nacional Los Alerces" habían terminado, pero a nuestro viaje todavía le faltaba la frutilla y el postre...


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Nicolás Urquiza

Ing. de sonido | consultor acústico | docente universitario | Investigador | músico, viajero, escritor y kayakero uruguayense. Por ahora, viviendo en Buenos Aires.

Contacto: nicolasdeurquiza@gmail.com

 

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