top of page

El desafío de remar desde la Cordillera al mar

  • Nicolás Urquiza
  • 17 feb 2020
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 19 feb 2020

Una de las últimas travesías en kayak por el Río Santa Cruz antes de ser represado



Río Santa Cruz

Año 1834. El comandante Robert Fitz Roy recalaba en el estuario del Río Santa Cruz para reparar la quilla del HMS Beagle. Aprovechando el reparo de los acantilados y la gran amplitud de mareas, logró encallar la nave en un puerto seco, facilitando la ejecución de las tareas. Desde ese lugar, hoy conocido como "Punta Quilla", el Capitán del barco junto a 24 tripulantes, partieron en una expedición "a la sirga" (remolcando tres botes balleneros con sogas desde la orilla). Año 1877. Francisco Pascasio Moreno decide remontar el río a la sirga, en esta oportunidad ayudado por caballos, logrando llegar a su tan desconocida naciente. Extasiado por la gran azaña y por la belleza de ese cuerpo de agua que tenía enfrente, decide bautizarlo como "Lago Argentino". Año 2018. Escucho voces...intento dormir un rato. Sigo escuchando voces... Lentamente abro un ojo, seguido, mucho más lentamente, el otro. Un minuto inmóvil y ¡REACCIONO!. Abro el cierre de la carpa y veo la tripulación alistarse para zarpar. A diferencia de Fitz Roy y Perito Moreno, nuestra expedición fue planificada para ser menos angustiante, navegando corriente a favor entre el paraje Charles Fuhr y la localidad de Comandante Luis Piedrabuena. A eso de las 10 de la mañana, los botes cargados 'hasta la manija’ reposaban a orillas del río. La hora de la verdad había llegado; el momento de probar qué tan correntoso era el río, experimentar qué tan peligrosos podían ser los remolinos y, sobre todo, sentir qué tan fría estaba el agua. El primer día se pasaba a puro disfrute y contemplación: solcito, calorcito, fotitos, matecitos, etc, etc. [Apenas saliendo, encontramos una reducida bandada de Macá Tobiano que se zambullían cada vez que me acercaba. Pocos kilómetros después, pasamos por la estancia "La Julia", que posee una preciosa casa estilo inglés en lo alto de una barranca]. Sin embargo, al mediodía se levantó el viento de los Tehuelches: "El Kóshkil”. Ese viento intenso que viene de la cordillera y arrasa con todo lo que no se aferra al árido suelo de la estepa patagónica. El río da tantas vueltas que resulta muy común tener el viento a favor por un instante y en contra por una eternidad. Las olas se tornaban cada vez más bravas y al chocar contra la costa barrancosa formaban peligrosos escarceos. Desembarcar en un lugar sin reparo del viento no parecía ser una buena idea: No quedaba otra bancársela y tupir (¡Porque acá se viene a sufrir!). El viento amenazaba con arrancarnos las palas de las manos y las olas tapaban las cubiertas de los botes con agua helada.

"En un momento, veo que Taty y Ale se van contra la costa y desembarcan. Sin pensarlo, viré el timón y remonté el río para ver si necesitaban algo. Al llegar, comprobé que estaban bien y dispuestos a seguir los pocos metros que nos quedaban para llegar a buen puerto. Ahí cometí un grave error al no aceptar que Alejandro, que estaba en la orilla, gire mi bote 180º. En un río tan correntoso y con un viento de tal magnitud, resulta muy difícil maniobrar un kayak de 5.53 metros de eslora, por lo cual tuve que avanzar varios metros de costado, sin poder virar el bote..."



Finalmente, pudimos llegar a la estancia "La Porteña"; donde decidimos pasar la noche, dado que el viento en lugar de amainar, se tornaba cada vez más fuerte. DÍA 2 (9-01-18): El segundo día fue bastante más tranquilo que el primero, climáticamente hablando, y pudimos remar unos 115 km hasta llegar a la estancia "La Barrancosa". Después de unas horas de navegación, pasamos por la estancia Cóndor Cliff, donde contemplamos en silencio el paisaje de la destrucción, de lo que será la represa Jorge Cepernic. Los camiones llevaban y traían escombros, las retroexcavadoras no paraban de golpear sus palas de acero contra la tierra, los guanacos huían despavoridos de ese tristísimo paisaje. Finalmente, la correntada nos derivó, como ayudándonos a salir de aquel infierno. Cuando el sol nos pegó de lleno en la mollera, a pleno mediodía, automáticamente empezó a picar el bagre. Así que paramos a comer unos deliciosos "pouches" de comida termoestabilizada en el primer lugar que encontramos. Tres guanacos refunfuñaban por nuestra presencia, mientras yo me clavaba unos "lentejones a la española con chorizo y panceta". Después de una breve siesta al sol, teníamos que retomar viaje para poder llegar y descansar como Dios manda. Desde donde estábamos, Emmanuel, el kayakista local, nos dice:- “la Barrancosa” está ahí nomás - indicándonos un cerro. Pero el río da vueltas, y vueltas, y más vueltas, haciendo que ese 'ahí nomás' sean casi 50 km. Sin descanso, al llegar a la Estancia, dejamos los botes y salimos a caminar cámara en mano. Visitamos las casas, el chalet principal, los galpones y hasta me hice una escapada al cerro. La noche cayó como plomada, así que destapamos una Patagonia Session IPA con Sauco, comimos una mega polenta con queso gratinado y cada perro se fue depositando uno a uno en su cucha.


DÍA 3 (10-01-18): Tal como habíamos arreglado la noche anterior, a las 07:00 horas estábamos en el agua, desayunando mates con galletitas a la deriva. Pasamos por varias estancias, algunas activas, otras abandonadas; entre ellas, la estancia "La Marina", donde paramos a tomar unas fotos. Recién ahí nos alcanzó el resto del grupo, que había salido más tarde. Seguimos remando y al mediodía empezamos a buscar un lugar para parar a almorzar. Un pequeño gran detalle del cañadón del río y sus alrededores, es que casi no hay árboles; por ende, casi no hay sombra. El sol nos azotaba con ganas, y cuando el cansancio y el hambre se juntan, aparece el mal humor. Con Taty y Ale, decidimos parar a la sombra de un árbol en un loft de pesca (que sería uno de los lugares más exclusivos ubicados a la vera del río) mientras el resto se perdía entre las curvas. Al ver que no había nadie en el lugar, después de almorzar, decidimos quedarnos a pasar la noche ahí. Al caer la tarde, mientras me hacía un flan a las llamas de un fuego, empezamos a escuchar voces: "¡¡Cagamos, los dueños!!". Una remera fluorescente se asoma en lo alto de la colina; eran los chicos. Emma, el ruso y Pablo, que se vinieron caminando a ver por qué paramos. Arreglamos que al día siguiente, salíamos a las 6:00 y nos encontrábamos para seguir juntos.


Día 4. (11-01-18): Salimos a la hora pactada y cuando llegamos a la estancia, los chicos estaban casi listos para zarpar. Remamos toda la mañana, desayunamos camaloteando a la deriva y pasamos por el temido y peligroso lugar "donde el río se encajona" sin darnos cuenta, hasta que cruzamos la famosa y tan aclamada estancia Chikorik Aike. La jornada fue tranquila, hubo poco viento y a favor. Asi que a eso de las 14:00 horas, arribamos sin novedad en la localidad de Piedrabuena, donde nos esperaba una gran bienvenida con unas cervezas rehidratadoras y un cordero patagónico a la estaca.


--- SINTETIZANDO: Desde mi punto de vista, prefiero enfrentarme a lo desconocido a que un GPS o alguien me avise previamente cuánto falta o cuáles son los peligros del camino. Está bien saberlo, pero eso no te tiene que desanimar psicológicamente. Creo que el mayor peligro de remar en estas latitudes no es el frío que azota el sur del paralelo 40, ni los remolinos, ni el agua, ni las olas. Es el viento. Es él quien genera las olas, el que te arranca la pala de las manos, el que hace volar esquirlas de agua helada que azotan tu cara, las manos y el cuerpo; es el factor que vuelve imposible maniobrar para iniciar de forma rápida y segura cualquier maniobra de rescate. Los remolinos, al menos con los botes pesados, no hacen más que frenarte y derivarte hacia babor o estribor. En cuanto a la correntada, en partes era cierto. El río corre mucho, aunque tal vez no tanto como imaginábamos; pero permite navegar a la deriva (sin remar) a una velocidad mayor que si remáramos con ganas en aguas estancadas. Por otra parte, así como corre, también tiene tremendos remansos y contra flujos de corriente, que me dejan ganas de intentar lo imposible, de navegarlo en kayak corriente en contra, aunque tenga que sirgar como lo hicieron Fitz Roy o Perito Moreno.


Comentarios


20200110_134548.jpg

Nicolás Urquiza

Ing. de sonido | consultor acústico | docente universitario | Investigador | músico, viajero, escritor y kayakero uruguayense. Por ahora, viviendo en Buenos Aires.

Contacto: nicolasdeurquiza@gmail.com

 

© 2020 por Remando Ando. Orgullosamente creada con Wix.com

Unite a mi lista de mails

  • White Facebook Icon

Gracias por sumarte!

bottom of page